V FOLIADA DE MELIDE


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Espero vervos a tod@s alí hee!! ;)
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Eu sempre digo que son ghai, ghai-teira!


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Son las doce de la noche en Melide. Arranca un sábado frío y lluvioso, desapacible, en la villa de la que partió el último viaje de cinco chavales hace una semana justa. Melide, capital de la marcha del interior de Galicia, es esta noche un lugar desangelado donde apetece más tomarse un café que una cerveza. «Hoy no vais a encontrar nada. Aquí la marcha se concentra el sábado». La cantinela, que suena a veces como una justificación local por la aparente falta de ambiente, no le sirvió al chaval de O Pino que se mató cuando regresaba a su domicilio después de pasar la noche del viernes.
-Era un caso especial porque venían de una fiesta, pero aquí solo en verano hay ambiente los viernes.
Lo comenta un joven en medio de una pandilla en un bar de vinos. Son casi todos del pueblo y, hasta hace un momento, estaban hablando del accidente de Toques, el más grave del fin de semana pasado, el de los cuatro muertos.
-No, no los conocíamos. Los de Friol van por su cuenta, a sus propios garitos.
Los de Friol, los de Arzúa, los de Palas... Hoy han venido pocos, pero el sábado llegarán en tropel por las carreteras que atraviesan el pueblo y algunos, muchos o pocos, se jugarán el pellejo cuando regresen a casa. La pandilla está molesta por la notoriedad que ha adquirido la noche melidense e insisten en que los accidentes no son habituales: «Hai moita máis concienciación e moita xente usa o Noitebús», incide uno. Y, en cualquier caso, siempre está la Guardia Civil como medida disuasoria: «Algo de caña teñen que meter», filosofa el propietario del bar, ahora ya casi sin clientes, «claro que logo págalo ti, que vas con dous viños e xa das positivo».
Control de drogas
Esta noche, mejor ni los dos vinos. La presencia de la Guardia Civil es extremadamente notoria y en cada cambio de bar es fácil cruzarse con una patrulla que también cambia de emplazamiento. En una cafetería, un grupo sale apresuradamente a la puerta para ver pasar una comitiva de cuatro coches patrulla: «A nós xa nos pararon en Palas hai menos dunha hora», explica en el exterior un habitual de la noche melidense:
-¿Un control de alcoholemia?
-Non. Foi para rexistrarnos. Buscando drogas.
Los tóxicos no son un problema. Una caña y un refresco por 2,60 euros. Una copa, 3,50. El alcohol es asequible. No hace falta ser muy pudiente para conseguir salir mareado de los bares del pueblo.
Es ya algo más de la una de la madrugada y la zona de los vinos, que debería estar a plena máquina, es poco más que un refugio para escapar del frío. No hay gente copeando por la calle, ni coches que pasen con la música a todo trapo. «Los tuneros muchas veces no son los peores. Igual les ves hacer alguna macarrada al lado de la discoteca, pero luego no hacen locuras», explica una treintañera que también se lamenta por el día que hemos elegido para visitar Melide: «Aquí la marcha ha sido de toda la vida. Y ha ido menos, que yo me acuerdo de otros sábados en los que estas calles eran impracticables».
Resulta difícil imaginarlo en una noche como esta, donde lo más cálido es el humo que sale de uno de los pubs en el centro del pueblo. Pero no hay fuego, solo es un efecto de discoteca que trata de captar clientes donde no los hay. De alguna manera, por todo el pueblo se sabe que las salidas están atoradas de controles de alcoholemia y el personal toma sus precauciones.
Hasta las ocho
En otra zona del pueblo arranca un concierto. Un grupo hace versiones de Queen en un local amplio y delante de un auditorio que apenas supera las dos decenas de parroquianos. Son poco más de las dos. Aún no hemos llegado al ecuador de la noche y, en realidad, el asunto parece ya en declive. Sin embargo, a esas horas, las patrullas de la Guardia Civil han inmovilizado ya a cuatro conductores con alcoholemias positivas, una de ellas en términos de atestado. No es un chaval intoxicado camino de un accidente, es un señor mayor que se ha descuidado con las copas.
Aún quedan largas horas hasta que Melide descanse. A pesar de la escasa presencia de clientes en la desapacible noche, cualquier chico listo puede encontrar algo abierto en el pueblo hasta las ocho de la mañana. Aunque hoy no se ve por ningún lado razón alguna que invite a quedarse hasta tan tarde. Mañana será otro día, con más clientes, más ambiente y, probablemente el mismo o mayor control policial. Una consecuencia de las cinco muertes que se produjeron hace una semana y que, al menos durante la noche del viernes, pesaron lo bastante como para que el cóctel de juventud, coche y alcohol no llegara a cristalizar. Afortunadamente.


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